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¿Quieres ser mi amigo?

-¡Eh!

Una voz le sacó de sus pensamientos. Buscó con cierta desgana la procedencia de aquel sonido. Enfrente unas rejas y a izquierda y derecha paredes de hormigón.

-¡Eh! Mira, se llevan al negro grandullón.

Se acercó titubeante a los barrotes y pudo ver cómo lo llevaban encadenado. Caminaba cabizbajo, como el que camina buscando en su memoria qué pudo fallar.

Había visto a muchos atravesar aquella gran puerta metálica de color verde oscuro y jamás regresaban de aquel lugar. Resultaba inquietante, misterioso y a la vez… aterrador.

Volvió a retroceder y se sentó tras un profundo suspiro. Lentamente bajó la mirada y los recuerdos comenzaron a aflorar dibujándose caprichosamente sobre aquel suelo gris.

Había pasado la mitad de su existencia enjaulado como un pájaro sin serlo. Sin familia, sin saber lo que es el cariño, sin amistades, sin rumbo, sin una vida.

De la primera familia con la que estuvo solo recordaba las palizas, patadas, insultos que le propinaba aquel tío barrigudo y maloliente. Siempre llevaba un palo en la mano que no dudaba en probar sobre su cuerpo cada vez que no le hacía caso a la primera. De uno de los terribles golpes perdió la audición de un oído. Escapó, pero al poco tiempo lo volvieron a coger trayéndolo a este lugar, a la espera de una nueva familia que quisiera adoptarlo.

Y tuvo suerte. O al menos eso creía cuando una familia con dos críos pequeños fueron a recogerlo. Recordaba la alegría de aquel primer momento, de aquella nueva esperanza. Vivían en una casa con jardín, con muchos juguetes y espacio para correr. Pronto se dio cuenta de que su presencia en la casa comenzaba a ser un estorbo, una equivocación. Se convirtió en un saco de boxeo para aquellas bestias llamadas “niños” que lo trataban como un vulgar muñeco de trapo. Por más que quisieran, sus orejas no iban a crecer más por mucho que las estiraran; ni su espalda se iba a transformar en la grupa de un caballo por más que la montaran y patearan. Un día, uno de los niños cogió un bolígrafo y quiso probar a pintarle un ojo de color azul mientras su hermano lo tenía bien agarrado del cuello, casi asfixiándole. Y el rojo tiñó al azul y el negro oscureció la mitad de la realidad. Se revolvió con fuerza liberándose de las garras de su opresor abalanzándose con furia sobre su atacante. Lo tiró al suelo y se puso sobre él. En ningún momento se le pasó por la cabeza hacerle daño, solo asustarle, advertirle que le dejara en paz, que ya no podía con tanto dolor. Las costillas se hundieron en su cuerpo que fue proyectado al aire de una terrible patada propinada por el padre de las criaturas infernales.

Su cuerpo se estremeció al sobrevenirle el recuerdo. Se tumbó sobre el frío suelo encogiéndose para no dejar escapar el último soplo de dignidad que pudiera albergar.

El sonido metálico de las llaves sobre la cerradura captó de repente su atención. Alzó con curiosidad la cabeza y miró asombrado al guardia que lentamente abría la puerta de la celda. Éste, dibujó una piadosa sonrisa en sus labios a la vez que con su brazo le hacía el gesto de que podía salir. Al acercarse, el guardia no tardó en colocarle aquel objeto frío, metálico alrededor de su cuello. Un tirón del extremo de la cadena le obligó a  avanzar a en contra de su voluntad. Casi por inercia, por instinto giró a la derecha dirigiendo sus atemorizados pasos hacia aquella gran puerta verde. Había llegado la hora de saber qué terrible secreto se ocultaba tras ella. Se detuvo un instante clavando su mirada resignada sobre ella, casi desafiante. Estaba preparado para afrontar su destino.

-¡Eh! ¿Pero dónde vas?- Preguntó sorprendido el guardia. Tirando de él le obligó a dar media vuelta a la vez que daba pequeños y suaves tirones de la cadena para atraerlo.

Al otro extremo del pasillo, la fuerte luz del día perfilaba tres siluetas oscuras que muy lentamente se iban descubriendo a medida que  se acercaba a ellas. Se trataba de un matrimonio y su hija que sonreían abiertamente sin poder apartar la mirada sobre la, todavía, robusta figura que se aproximaba. La humedad de sus ojos denotaba un entusiasmo verdadero.

-Pues aquí le tienen.- El guardia hizo un gesto de presentación extendiendo su mano.

-¿Toda está listo?- Preguntó amablemente el señor.

-Todo. Ya está vacunado, desparasitado y listo para que puedan disfrutarlo.

Torció el gesto y añadió:

-Es algo mayor, pero estoy seguro que si le dan cariño sabrá corresponderles. Ha sufrido mucho…

-Pues ya es hora de que deje de sufrir y viva feliz el tiempo que le queda. –Interrumpió la señora. –Nuestra hija también ha sufrido mucho. Ella es… especial y la gente puede llegar a ser muy cruel si eres distinta a ellos. No tiene amigos, así que estoy segura de que ambos se entenderán.

La niña se acercó a él posando la mano delicadamente sobre la cabeza, acariciándola  tiernamente. Y sonrió. Supo que él también sonreía a pesar de que no lo demostraba. Se arrodilló frente a él cogiendo su cabeza entre sus pequeñas manos y le preguntó con gran entusiasmo:

-¿Quieres ser mi amigo?

 

Coste

Hay veces que la vida te hace pasar por duras pruebas que forjan tu destino, tu personalidad, tu futuro…Hay veces que esas pruebas te ayudan a ser más fuerte y constante en tus convicciones, en tus creencias y en tus sueños. La mayor parte de las personas sucumben al peso de esas pruebas dejándose arrastrar por la resignación dando la mano a la rendición. La mayoría buscamos una vida fácil y cómoda, evitando pesadas pruebas por miedo al fracaso, miedo a descubrir que no somos tan valientes e íntegros como imaginamos, por miedo a defraudar las espectativas que los demás tienen depositadas en nosotros si nos ven fracasar en el intento. Nos marcamos metas alcanzables y, normalmente, fáciles. Esto es lo básico para afianzar e impulsar nuestra autoestima y continuar adelante con nuestro proyecto de vida.

Quizás se comprenda mejor todo esto que trato de decir con estos dos vídeos. Obviamente están subtitulados al castellano porque creo que ilustra muy bien esta idea. Sí, es Eminem, tal vez a muchos no les guste este estilo de música, no es mi preferida tampoco, pero musicalmente hablando me gusta todo meeeeeeeenos el flamenco. Por cierto, si alguien sabe inglés, a ver quién tiene narices de seguir al tipo este, sobre todo en la segunda canción…


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Premonición

Alguien me dijo una vez. “El milagro está en el aquí y en el ahora”.
Voy a morir pronto y sin embargo ya no me domina el miedo.
La vida está repleta de riqueza: los gestos, las risas, la alegría que compartimos…
Lo recuerdo todo.
Recuerdo tu respiración también cuando dormías en el coche; la cara de mamá cuando nos veía.
Hacíamos muchas cosas juntos, muchísimas cosas. He aprendido mucho. He conocido a gente maravillosa.
Disfruta de tu felicidad, saboréala a cada instante y sobretodo, no te pongas triste cuando cuando pienses en mi, no te entristezcas.
Y algún día, si quieres hablar conmigo, si de verdad lo quieres, escoge un lugar un lugar al que solíamos ir juntos. Podrás hablar conmigo, ya lo verás, porque yo estaré allí. Y recuerda: que no te avergüence decirle a la gente que te importa, que los quieres.
Os quiero a las dos…muchísimo

Os la recomiendo. Gran película dotada de una fuerte carga emocional y bellísimas escenas de paisajes.

El sentido de la vida

Personas de diferentes partes del mundo contestan distintas cuestiones que tienen ver con la vida y los sentimientos. ¿Qué es el amor?, ¿a qué le tememos?, ¿cuál es el significado de la vida?

6 mil millones de otros es un proyecto de la ONG Good Planet que tiene como objetivo promover el desarrollo sustentable. Para este proyecto se tomaron miles de testimonios en todo el mundo. Se trata de una iniciativa de Yan Arthus Bertrand -autor de las fotografías: La tierra vista desde el cielo.

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La caricia perdida

Excelente trabajo de liliana r.

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos… En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará… rodará…

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Alfonsina Storni

Galería de Liliana R