Más del 50% de los productos de bollería, cosmética, higiene personal y limpieza que consumimos llevan aceite de palma. La palma se ha convertido en la principal fuente de aceite vegetal del planeta y cada uno de nosotros consumimos una media de 10 kg al año. Esto no tendría por qué ser un problema. La cuestión es que en países como Guatemala, las tierras que podrían alimentar a la población se están destinando a la exportación o a la producción de agrocombustibles. Es decir, se están sustituyendo los cultivos de alimentos por productos como la palma, la caña de azúcar o la soja. La compra de tierras es un negocio rentable para unos pocos que va en detrimento de la seguridad alimentaria del país.
¿Qué tienen que ver las galletas que desayunas, el jabón con que lavas la ropa o el producto que usas para limpiar el suelo de tu casa con el acaparamiento de tierras en países como Guatemala?
El acaparamiento no sólo supone la compra masiva de tierras que se podrían destinar a alimentar a la población, sino que también desplaza a pequeños agricultores que producen alimentos básicos para la comunidad. La caña de azúcar, la palma o la soja para la exportación suben de precio, y desplazan a cultivos tradicionales como el maíz o el frijol de los que depende gran parte de la población para subsistir. Éstos empiezan a ser cada vez más escasos y menos rentables. La actual oleada de acuerdos para producir alimentos y biocombustibles para mercados internacionales no es diferente a anteriores luchas por la tierra. Lo diferente es la escala y la velocidad con que se está produciendo.
¿Por qué esta ‘carrera por la tierra’ ahora?
- La reciente crisis de precios ha empujado a inversores y gobiernos a prestar atención a la agricultura (compra de tierras) después de décadas de abandono.
- El cultivo de productos agrícolas no alimentarios está en expansión: textiles, madera y papel, y otros productos más modernos como agrocombustibles.















